¿Por qué a veces cuesta tanto sostener hábitos en enero?

¿Por qué a veces cuesta tanto sostener hábitos en enero?

(y no, no es flojera)

Enero parece el mes perfecto para cambiar la vida. Rutinas nuevas, metas claras, motivación renovada. Y sin embargo, muchas veces, a las pocas semanas, la mayoría de estas nuevas cosas que queremos, no las seguimos persiguiendo.

Esto no habla de falta de voluntad.
Habla de cómo funciona el cerebro humano.

El dato que me cambió la forma de ver las cosas

Los estudios muestran que:

Entre el 80% y 90% de las personas abandona sus propósitos de Año Nuevo antes de febrero (datos reportados por investigaciones universitarias como la de la University of Scranton).

Solo alrededor del 8% logra sostenerlos durante el año.

Si esto fuera flojera individual, las cifras no serían tan consistentes.
Lo que ocurre es biológico, emocional y contextual.

1. Tu cerebro no quiere a los cambios bruscos

El cerebro está diseñado para ahorrar energía, no para transformarse de golpe.

Cuando intentas instalar un hábito nuevo:

  • se activa la corteza prefrontal (esfuerzo consciente)
  • se desarma una ruta automática previa
  • se gasta más energía mental

Esto genera resistencia, no porque no quieras, sino porque el cerebro prioriza la supervivencia, no la mejora personal.

2. Un hábito NO se forma en 21 días

Durante años se repitió el mito de los “21 días”.
Existe evidencia actual que dice otra cosa, y que me hace mucho sentido.

Un estudio clave (Lally et al., 2009, European Journal of Social Psychology) mostró que:

  • Formar un hábito toma en promedio 66 días
  • Puede variar entre 18 y 254 días, dependiendo de:
    • la complejidad del hábito
    • el contexto emocional
    • el nivel de estrés

 Y enero, para muchas personas, suele exigir cambios demasiado grandes y rápidos para ese proceso.

3. Llegas a enero cansada (aunque no te des cuenta)

Porque diciembre no es un mes "piola" para el sistema nervioso:

  • tenemos exceso de estímulos
  • pueden haber cierres emocionales
  • existen diferentes gastos
  • alteraciones del sueño
  • más consumo de alcohol y azúcar

Todo eso impacta en:

  • dopamina (motivación)
  • cortisol (estrés)
  • regulación emocional

 Entonces intentar crear hábitos nuevos en un cerebro agotado es como pedirle a un músculo fatigado que levante más peso.

4. El estrés bloquea la constancia

Cuando hay estrés:

  • el cortisol alto inhibe la corteza prefrontal
  • disminuye la planificación, la memoria de trabajo y la toma de decisiones
  • aumentan conductas automáticas (lo conocido, no lo nuevo)

Por eso: bajo estrés, volvemos a viejos hábitos, incluso si no nos gustan.

No es sabotaje. Es neurobiología.

5. Entonces, eso me lleva a pensar que enero se vive desde la exigencia, no desde el cuidado

Muchas metas de enero nacen desde:

  • “tengo que”
  • “ahora sí”
  • “esta vez no puedo fallar”

Ese lenguaje activa:

  • amenaza
  • miedo al error
  • autoexigencia

El cerebro responde mejor a:

  • seguridad
  • repetición amable
  • sentido

No a la presión.

 Entonces… ¿qué SÍ funciona?

La ciencia muestra que los hábitos se sostienen mejor cuando:

✔ se hacen muy pequeños
✔ se vinculan a algo que ya haces
✔ tienen sentido emocional (no solo disciplina)
✔ se practican con autocompasión, no castigo

Un hábito no se instala desde la fuerza, se instala desde la repetición segura.

Cómo transformar la intención en hábitos reales (sin exigirte de más)

Si el cerebro no cambia a la fuerza, entonces la pregunta correcta no es: “¿cómo me obligo a ser constante?”, sino: “¿cómo me acompaño para sostener esto en el tiempo?”

Aquí van formas reales de hacerlo.

 1. Escribe metas pequeñas (y que consideres realistas)

El error más común es escribir metas grandes, abstractas o demasiado exigentes.

En vez de:

  • “Quiero ser constante todo el año”
  • “Quiero cambiar mi estilo de vida”
  • “Quiero hacerlo perfecto esta vez”

Prueba con:

  • “Quiero mover mi cuerpo 2 veces a la semana”
  • “Quiero aprender a parar cuando estoy cansada”
  • “Quiero tratarme con menos dureza cuando fallo”

La evidencia muestra que: las metas específicas, pequeñas y alcanzables aumentan significativamente la adherencia conductual.

2. Cambia la pregunta: del “qué” al “para qué”

Las metas que se sostienen no responden solo a qué quiero lograr, sino a para qué.

Ejemplos:

  • No “hacer ejercicio”, sino → sentirme más conectada con mi cuerpo
  • No “comer mejor”, sino → tener más energía y menos culpa
  • No “ser productiva”, sino → vivir con más calma

Cuando una meta tiene sentido emocional, el cerebro deja de resistirse tanto.

3. Vincula el hábito a algo que ya haces

Desde la psicología del hábito, sabemos que es más fácil sumar que crear desde cero.

Ejemplos:

  • Después de levantarme de la cama → respiraré durante 1 minuto
  • Mientras tomo té → escribo una línea
  • Antes de dormir → estiro 2 minutos

No necesitas motivación.
Necesitas estructura amable.

4. Cambia la lógica del “todo o nada”

Uno de los principales motivos de abandono es el pensamiento rígido:

“Si hoy no lo hice perfecto, ya fallé”.

Pero la ciencia conductual muestra que:

  • la flexibilidad aumenta la constancia
  • la autoexigencia extrema la rompe

Regla sana: algo es siempre mejor que nada (y si vale aunque sea hacer un poquito).

Cinco minutos también cuentan.
Un día pausado no borra el proceso.

5. Practica autocompasión (y no mi gente, esto NO es permisividad)

Estudios muestran que las personas con mayor autocompasión:

  • retoman hábitos más rápido
  • se castigan menos
  • sostienen cambios por más tiempo

Autocompasión no es rendirse.
Es decirte: “Estoy aprendiendo”.

Ejercicio para apoyarte cuando lo necesites: 

Escribe 3 metas pequeñas para este año, que se sientan posibles incluso en días cansados.

Ejemplo:

  • Quiero regalarme pausas sin culpa.
  • Quiero mover mi cuerpo con amabilidad.
  • Quiero escuchar mis límites antes de sobrepasarlos.

Si al leerlas no sientes presión, vas bien.
Si te generan ansiedad, probablemente son demasiado grandes.

Para ir cerrando este blog un poco largo (pero muy útil)

No todos los cambios se construyen desde la fuerza y de un día para otro. Muchos se construyen desde la repetición suave, la paciencia y el respeto por tu ritmo.

Tal vez este año no se trata de exigirte más, sino de elegirte mejor.

Y eso, aunque no se vea espectacular, es profundamente transformador.

 

Les deseo un año lleno de cosas maravillosas. 

Un abrazo enorme y con mucho amor, 

Javiera.

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